lunes, 9 de enero de 2012

GUGGENHEIM

GUGGENHEIM
DE BILBAO, BILBAO
Siendo ausencia nos conocimos y ya entonces apuntaba maneras. Pero apenas tuvo esqueleto, desaparecieron las escasas dudas. Era como una gigantesca maqueta, que cada día era más bella. Es lo que sucede, cuando el arte envuelve al arte. Que se contagia de hermosura y debate, a partes iguales. Y más, cuando se elige buen sitio. No hablo solo del terreno. También está lo que lo ocupa. O lo ocupó en su día. Unas viejas vías y muchos contenedores, un pequeño parque y varios hangares, una concurrida gasolinera y algunos solares, una famosa clínica...y el Guggenheim. Porque siempre estuvo allí. Barco soñado por un pueblo, que buscaba nuevos rumbos. Muchas voces criticaron aquella aventura. Pero solo al principio. La mayoría, si no todas, se pegan ahora por seguir su estela. Siempre que me preguntan sobre si es mejor el continente que el contenido, respondo lo mismo. Quienes tuvimos el placer de subir a su techo sabemos que, esa, es su mejor parte. Porque desde allí arriba puedes ver en el horizonte el presente y pasado de tu tierra, mientras tienes bajo tus pies su futuro. El Guggenheim es la demostración de que, en la vida, es conveniente mirar hacia el frente sin dejar de mirar hacia el suelo.
Tomás Ondarra y Jon Uriarte

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