jueves, 22 de diciembre de 2011

GALLETAS CHIQUILIN

GALLETAS CHIQUILÍN
EL SONIDO DE LAS GALLETAS
Haga la prueba. Si parte usted una galleta chiquilín, sonará a apellido. A Artiach. Pero con “che” rotunda. Haciendo ruido al romper. Como para decir-¡Aquí estoy!-. Para celebrar como se debe el banquete. Sea desayuno, merienda o cena. Estas últimas, de invierno y destemple. Curando días larris, a base de tazón de leche, con “sopas” de galleta. Barcos de harina a la deriva, esperando ser rescatados. Tampoco es mala compañera esta dama, de la onza chocolatera. Personalmente, me gustaba usarla como termómetro. Por la seguridad del paladar, se entiende. Dependiendo de la velocidad a la que se doblaba, medía uno el calor de la leche. Pero no fue ni es, Chiquilín, hija única en su familia. Tiene hermanas de todo tipo y condición. Mención aparte, merece la María. Que no les engañen las apariencias. Nació en Bilbao, aunque ahora sea otra quien lleve su fama y su renombre. Era también redonda. Y muy sabrosa. Pero hoy nos quedamos con la que lucía flamante rectángulo y singulares rebordes. Ondeantes formas, que evocaban a trabajadas puntillas. No conozco a nadie, en todo el mundo mundial, que no haya mordisqueado, alguna vez y uno a uno, aquellos turrados salientes.
Jon Uriarte y Tomás Ondarra

3 comentarios:

  1. Hola. A propósito de Chiquilin, que eran mis galletas preferidas durante mi infancia y adolescencia, y hasta bien entrada la madurez, me gustaría indicar que, allá por los años ochenta, Artiach fue vendida a Nabisco, multinacional estadounidense, con tan mala fortuna que las galetas en cuestión dejaron de gustarme, pero no porque me cayeran especialmente mal o bien los nuevos dueños del negocio, sino porque a partir de entonces me encontré con unos productos que no tenían nada que ver con los que yo había consumido hasta entonces: más tostadas, más duras y, en definitiva, bastante peores, para mi gusto. Resignado, y tras varias tentativas de espera a ver si se volvía a los estándares a los que estaba acostumbrado, y a la vista de que no era así, dejé de comprarlas.
    Como todo.
    Saludos.

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    1. Yo estoy leyendo, sorprendidísima, sobre las galletas Chiquilín en España. Las galletitas de mi niñez también, sólo que pensaba que eran uruguayas! Probablemente El Trigal las envasaba solamente... o se hacían bajo licencia del fabricante vasco(?) Parece que ese es el origen, ¿no?
      Es bien curioso, porque "chiquilín" es un término muy uruguayo para hablar de niños o jovencitos; no lo había oído en ningún otro país. Cómo se aprende! Es fantástico.

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