martes, 31 de enero de 2012

TRANVÍA

TRANVÍA
UN METRO CON VISTAS
Tiene un poco de tren y un mucho de gusano loco. De ahí que, como la famosa atracción de feria, el tranvía enloquezca a la chiquillería. Porque, siendo transporte, parece un juguete grande. Y de espíritu festivo, añado. Da igual que uno vaya a trabajar a la otra punta o allí arriba. La sensación nunca es de traslado, sino de viaje. Con un recorrer sinuoso, que nos descubre un Bilbao, cada vez más hermoso. Al fin y al cabo, es el hermano mayor del suburbano. Y se nota. Porque eligió sitio primero. Como sucede en asuntos de literas. –yo arriba, que siempre fue así. Incluso cuando no estaba, me guardaron sitio-le dijo al Metro el orgulloso Tranvía. Por eso va tan digno por nuestras calles, con un pie en cada vía. Por eso y porque pasear por el Botxo da gusto. Solo hay un pero. Ya no tiene terraza. Esa a la que se subía el que no tenía billete o a esa hora no cabía. Ahora todo es más compacto. Más cerrado Pero eso no le preocupa al tranvía. De hecho si te acercas, entre tintineo y tintineo, te contará al oído su secreto- Entra dentro de mí. Porque, a través de mis cristales, se ve pasar la vida-.
Jon Uriarte y Tomás Ondarra

lunes, 30 de enero de 2012

THATE

THATE
LOS KAISER DE BILBAO
Los Thate son los Dalton de Bilbao. Pero en su caso, todos los hermanos son listos y honrados. Y, sobre todo, trabajadores. Hermann, Enrique, Karmentxu y Alfredo son hijos y nietos de maestros charcuteros. Llevan la parte alemana del mapamundi del Botxo. La Democrática y la Federal, que nunca hubo en su negocio muros ni fronteras. Producto vasco, estilo germano. Y a veces, viceversa. Que lo suyo es la fusión y, sobre todo, la unión. Cómo será su arte, que su pastel de carne en las ferias germanas ya es mito. “Ingeniería alemana, con ingenio vasco” responden ellos cuando les preguntan por su fórmula. Que no es cosa de contarla. Los Thate han logrado, incluso, rizar el rizo y bilbainizar el codillo. Como si la Ocktober Fest fuera fiesta de txapela, txistu y tamboril. Y eso, solo lo hacen los que tienen título de embajadores de ida y vuelta. Solo por este asunto, merecerían estatua ecuestre. Pero aun hay más. Según los tres hermanos, la salchicha de un Thate siempre es la más deseada. Por tamaño y materia. Y por los placeres que ofrece. La hermana sonríe al oírlo y nunca dice nada. Porque sabe que el negocio con humor, se lleva mucho mejor.
Jon Uriarte y Tomás Ondarra

viernes, 27 de enero de 2012

SOMBRERERÍA GOROSTIAGA

SOMBRERERÍA GOROSTIAGA
ELEGANCIA MEDIO “LAU”
Con gran vuelo y mejor caída. Así es la txapela de Bilbao. Que la boina es muy digna, pero cuando es txapela ilumina. Que se lo digan a Baroja. O a Unamuno. Como decía este último, “Es prenda honrada que nivela”. Puede llevarla el joven y el anciano. El obrero y el señorito. Pero cuidado, que toda boina es txapela, pero no toda txapela es boina. Así lo apuntó Resurrección María de Azkue atinado y en su día. Recordándonos oportuno, que el vocablo siempre significó “sombrero”. Por eso no es erróneo que, en una sombrerería, la reina sea la txapela, en versión boina bilbaina. Pocas prendas han logrado vestir a tantas cabezas. También hacen gorras y sombreros, quede claro, en el histórico local. Son para damas y caballeros, que quieran llevar testa a cubierto. O para artistas con noches de gala y para obreros de pico y pala. Muy elegantes, por cierto. Doy fe. Pero Carpentier, siendo francés, luce en el escaparate txapela botxera. Porque sabe el botxeador, que tan malo es llevarla a rosca como no llevarla. Lo suyo es buscar el perfecto equilibrio. Por eso, en Bilbao, la llevamos medio “lau”.
Tomás Ondarra y Jon Uriarte

miércoles, 25 de enero de 2012

SORTEO DE LÁMINAS

http://www.alhondigabilbao.com/es/honews-n12

SALCHICHAUTO

SALCHICHAUTO
BILBAO Y SU AUTO LOCO
Puede que nos enamoráramos de Penélope Glamour o de Pedro Bello, según géneros, gustos o cadencias. Y que nos riésemos con Pierre Nodoyuna y su compañero Patán. Pero el “Auto loco” por excelencia en Bilbao, era el Salchichauto. Seamos sinceros, tenía un punto al Papa Móvil, mucho antes de que existiera. Lo digo, por aquello de que llevaba a un hombre de pie en su parte trasera. Que no repartiría papales bendiciones, vale. Pero expendía bocatas, que provocaban sonoras exclamaciones.-¡Lleva dos salchichas!-gritaba sorprendido el cliente. A lo que Pedro, no el Bello sino el Abajo del Río, respondía decidido-¡Es que menos, no da ni para un diente!-. Luego estaba el sabor. Si el Salchichauto hubiese aparcado en Nueva York, los carritos de Gotham hubieran pasado a mejor vida. Va a comparar usted el sabor de los bocatas de Pedro con los plastificados de esas tierras. Tanto por producto, como por tratamiento no tienen parangón.-Están de cine-sentenciaba la parroquia bilbaína en su día. Normal. No en vano, solía aparcar a la vera de uno. Porque lo del Salchichauto no era solo un bocata. Era, un placer de película. Y, siempre, con final feliz.
Tomás Ondarra y Jon Uriarte