lunes, 16 de diciembre de 2013

De Bilbao ahivalahostia !!!

Kim de la India en el salón azul






El infógrafo, ilustrador y escritor Tomás Ondarra presentó ante una nutrida concurrencia el libro "De Bilbao ¡¡¡Ahivalahostia!!!" 



POR Txema Soria
El salón azul del hotel Carlton estaba hasta los topes, no cabía ni un alma más. Se presentaba el libro "De Bilbao ¡¡¡Ahivalahostia!!!", escrito por el infógrafo -comenzó su aventura profesional en EL CORREO, la continuó en "La Nación" de Buenos Aires y hoy es redactor jefe de infografía en "El País"-, ilustrador y escritor Tomás Ondarra. Un bilbaíno que ejerce como tal allá donde esté. Actualmente reside en Madrid. Tal vez por eso, por la lejanía, vuelve de cuando en cuando a través de la memoria a las calles de la villa donde nació y correteó, a la ciudad donde tuvo sus primeros amigos y donde por primera vez se enamoró. Al fin y al cabo, la única patria que tenemos es nuestra infancia. Un libro en el que se habla del Pagasarri, de Blas el de San Nicolás, la Karola, el Gargantúa, la cuadrilla, Marijaia, El agua de Bilbao, San Mamés, el Athletic.... La presentación corrió a cargo del editor Mariano Remiro (BAO Ediciones); Juan Mari Gastaca, que afirmó que este era un libro que rezuma bilbainismo en cada una de sus páginas; y Juan Cruz, el cual glosó el amor que tiene el autor por su ciudad. Señaló que Tomás es como Kim, el personaje de la novela de Rudyard Kipling, "Kim de la India", por su capacidad para ser amigo de todos a quienes conoce. Antes de que concluyeran las alocuciones tomó la palabra María Jesús Galarza, madre del artista, quien dijo que su hijo «es un bilbaíno de pura cepa». Los asistentes, una vez concluido el acto, pudieron tomar las famosas felipadas del Alameda, que cada día hace Paco García, con el vino seleccionado por Bodega Urbana, de Ana Martín, y disfrutar con la música del grupo Bilbao Mapamundi. Asistieron al festejo Iñaki Azkuna, alcalde de la villa, Mariano Gómez, Alfonso Gil, Luis Hermosa, Beatriz Marcos, María Jesús Ondarra, Ricardo Barkala, Garbiñe Atxalandabaso, el cocinero Mikel Población, Diva Casciani, Pedro María Población, Manu Iturregi, Gontzal Azkoitia, Ane Laburu, Sofía Muro, José Antonio Nielfa "La Otxoa", Lidia Martínez, María Loizaga, Manu Colás, José Julián Lertxundi, José Celio Marín, Isidro Elezgarai y Alberto González. Asimismo estuvieron Fernando Lamikiz, Itziar Unibaso, José Mari Amorrortu, Idoia Bilbao, el fotógrafo Luis Alberto García, Luis Tejido, Inma Vega, Endika Bilbao, Olga Guervos, Txema Álvarez, Ernesto Ruiz, del Rimbombín, Ángel Ruffo, Asier San José, Javier Gamboa, Amaia Porres, Imanol Garai, Íñigo Gorrotxategui, Javier Lertxundi, José Mari Amantes, Joseba Onandia, Alazne Santurtun, Marta y Yolanda Gómez, Marc Agüero, Miren Sánchez, Karmele Herranz, Josuka Díaz, Ángela García, Jesús Barrio, María Teresa García Elorduy, Ángel Ondarra, José Ángel Valerio, Kepa Rekakoetxea, Cruz Ágara, Juanma Seco, Idoia y Merche Martín, Susana Mugarza, Beatriz Gonzalo Ituarte, Marco Arévalo y Ana Martínez.

lunes, 26 de marzo de 2012

AZUL BILBAO

AZUL BILBAO

SANGRE AZUL

La gente se agolpaba curiosa, en la puerta de la tienda. Intenté adivinar lo que sucedía. Logré ver a un hombre en el mostrador y ante él, un desesperado dependiente. La cara del empleado mostraba angustia y un cierto grado de enfado. Pero, sobre todo, era el vivo reflejo de la duda.-¿Qué pasa?-peguntó un mozo intrigado-Dicen que un hombre ha pedido algo y no le entienden-respondió una señora, con vestido de vivas flores.-¿Y por qué no le entienden?-gritó un niño, hacia las caras de los mayores-Porque será extranjero-apuntó un señor de gafas oscuras y grandes bigotes.-Seguro que americano o ruso-comentó una chica con trenzas.-¡Pues menuda cola está montando!-Sentenció un jubilado de esos que no tienen que hacer nada y que siempre tienen prisa. Pero no. No era americano. Tampoco ruso. Era de Bilbao. Del centro, centro. Y solo quería que le vendieran un bote de pintura. Se había desplazado a vivir a Madrid y quería pintar la casa del color de su alma botxera. De azul. Pero no de un azul cualquiera. Cobalto, añil y blanco titanio. Sangre Azul. El color que ofrece el cielo del Botxo cuando, tras un día de lluvia, se unen tarde y noche y las nubes se alejan, otorgando perfecto broche. El azul Bilbao. El que no se puede explicar, aunque nos tiremos todo un día. Que se lo pregunten sino, al empleado de la droguería.

Tomás Ondarra y Jon Uriarte

miércoles, 21 de marzo de 2012

Bollo de Mantequilla

BOLLO DE MANTEQUILLA

BOLLO SIN NOMBRE

El niño, que hoy es hombre, se comía el azúcar espolvoreado antes de tocar la mantequilla. Lo hacía con precisión milimétrica. Utilizando, tan solo, la punta de la lengua. Como si de un afilado lápiz se tratara. Capturando, uno a uno, los minúsculos dulces de cristal. Después, lamía despacio el borde lateral. Con respeto. Evitando penetrar demasiado hondo. Lo justo, para definir la línea de las paredes. El final del proceso dependía del momento y la compañía. Y por compañía me refiero al resto del menú. Como más le gustaba, era untado en chocolate recién hecho. Orgía de sabores. Pero, otras veces, el chocolate se apretaba en onza y se acomodaba en la cremosa cama blanca. Su madre optaba por darle discretos mordiscos. Siempre limpios y medidos. Intercalados, entre sorbos de café con leche. Muy de señoras. Muy caliente A veces con azúcar, otras con sacarina. Su hermano, en cambio, lo abría impúdicamente. De par en par. Para dar buena cuenta de la frágil mantequilla, antes de tocar el bollo. Entonces no lo sabía. Pero aquél manjar era villano. Y fiel a su tierra, añado. Resulta extraño que no triunfara en otras. Puede que haga falta que la lluvia golpee los cristales de una vieja cafetería, para entender todo su duende. Pero hay algo que no se comprende. Un día nostálgico y orgulloso, el niño que hoy es hombre, lo llevó consigo a otras tierras. Y triunfó a la primera. Por lo tanto puede que el bollo de mantequilla, simplemente, no quiera ser famoso. De ahí que no tenga ni nombre. Es lo que tiene ser único. Es lo que tiene ser grande.

Jon Uriarte y Tomás Ondarra

martes, 13 de marzo de 2012

SAN MAMÉS. LA CATEDRAL

SAN MAMÉS

LA CATEDRAL

LA CATEDRAL DE LOS SENTIMIENTOS

La llaman Catedral del futbol. Pero se quedan cortos. En San Mames, cabe mucho más que futbol. Por tener, tiene hasta su propia atmósfera. Esa que te da la vida, con solo respirarla una vez. Incluso si no has estado, te mueve pulmón. Aunque solo sea para suspirar. Por haber estado y no estar. O por no haber estado nunca y no poderla visitar. Nació un año 13. Dicen que es mal número si no crece. Por eso sigue ella expandiéndose. Más allá de lo físico, hablo de lo metafísico. Porque ni Aristóteles podría entenderla. Siendo campo cerrado, abre mente y espíritu. En ningún lugar del mundo suenan los rugidos como en ella. Ni los goles. Tampoco el aplauso al contrario. Ni siquiera el cántico al propio. Porque la Catedral no es un campo. Ni un estadio. Es otra cosa. En ella hemos visto ganar ligas y pasear copas. Hemos llorado y reído, varias veces, por cierto, en un mismo partido. Nada raro. Pero no me pregunten por el nombre de quienes se sientan a mi lado. No hace falta saberlos. Porque San Mames nos quiere así. Todos uno. O mejor dicho, una. Que al fin y al cabo, somos familia. Por eso nos envidian los rivales. Por eso luce imponente, a punto de ser centenaria. Y por eso da igual dónde la pongan. La Catedral seguirá siempre en el mismo sitio. En el corazón y en la memoria. Entre las pocas cosas de la vida, que de verdad merecen la pena.

Tomás Ondarra y Jon Uriarte

miércoles, 7 de marzo de 2012

SANTO SAN MAMÉS

SANTO SAN MAMÉS

EL SANTO QUE SUSURRABA A LOS LEONES

Lo que son las cosas. Tantos años acudiendo a su vera y nunca me había fijado en el sorprendente detalle. San Mames, es un “chuleta”. Santo, sí, pero va sobrado. Basta con mirar su pose, para comprobarlo. Hasta el león aguanta estoico el desdén del muchacho. Que, por cierto, más que fiera parece gato. Será por aquello que de la osadía juvenil a todos abruma. Y no solo cuando la luce el santo. Es la misma que exhiben y pasean, quienes visten la mítica zamarra del Club. La roja y blanca. La eterna. La que recorre la alfombra verde del templo sagrado. La que adopta como propia, la concurrida y variada parroquia. Haciendo del Athletic, una compacta familia. Esa osadía presenta el santo en la reliquia. Pero en seguida descubrió San Mames, que aquello no era vida. Cierto que, a veces, le daban sonoras alegrías. Pero otras, sufría dolorosas sangrías. Fuera por méritos del contrario o deméritos del propio. Incluso, a veces, por culpa del colegiado o de esa diosa, griega y pecadora, a la que llaman Fortuna. Así que tuvo que colgar la aureola una tarde y remangarse. Para ayudar el domingo y el sábado que se viste de domingo. No les digo nada, cuando se pasó a jugar todos los días. Que si ese penalti, que si ese poste, que si un gol, que si beste bat. Y él pensando, “En mala hora no me dejé comer por los leones”. Y es que, el futbol, exige demasiados milagros.

Tomás Ondarra y Jon Uriarte

martes, 6 de marzo de 2012

PICHICHI

PICHICHI

EL REY GOL

Fue hombre antes de ser leyenda. Y jugador antes de ser trofeo. Su nombre empieza con “R” de red y termina con “L” de gol. Normal que, Pichichi y el gol, sean uno. Hablo en presente, porque el mito tendrá tumba, pero no tiene descanso. Es la suya una eternidad, que nace al morir. A veces antes. Como le pasó a él. Ya era icono, cuando calzaba botas. En el barro del rectángulo de los sueños, construyó las mejores ilusiones. Las propias y las ajenas. A tanto llegó su arte, que atravesó el tiempo y el espacio. Haciendo que su nombre sonara a grito. Ese que sale de las entrañas y fluye por la garganta. Ese, que bautizaron “goal” y nosotros llamamos gol. Palabra inglesa, que le gusta usar al botxero. También al resto de los bizkainos. Y al vasco en general. En realidad, a toda gente de bien con ganas de alegría. Por eso, al recordar a Pichichi, sonreímos. Porque lleva retranca. Nunca pasó desapercibido. Sus tantos estrenaron marcadores, campos y catedrales. Alegraron los afines corazones y tocaron otra cosa, en los ajenos, que también acaba en “ones”. Fueran jugadores, entrenadores, directivas o aficiones. Porque siempre le envidiaron. Por genio y por ingenio. Por clase. Hasta en el irse tuvo arte. No pudo intoxicarse como los pobres, no. Lo hizo con ostras, como los reyes
Jon Uriarte y Tomás Ondarra

lunes, 27 de febrero de 2012

TONETTI

TONETTI

FILÓSOFO DE NARIZ ROJA

Las cenizas de Tonetti fueron lanzadas a nuestras aguas. A la ría. Que no deja de ser, según la RAE, “una penetración que forma el mar en la desembocadura de algunos ríos”. Pero también es el “imperativo del verbo reír, tercera persona del singular”. Y algo de imperativo tiene la risa.-Ría usted, por favor, aunque no ayude el entorno-. Con Tonetti comprendimos que la vida tiene doble cara. Risa y llanto. Un circo ambulante. Donde una cosa es la pista y otra los bastidores. La procesión va por dentro. Sabía el payaso bilbaíno, nacido cántabro, que de la risa al llanto apenas hay una mueca. Circo y mundo no paran de girar. Por eso, no hay más remedio que pintarse la cara y salir otra vez a pista. Por eso nos sentimos orgullosos de ser de un lugar que levanta estatuas a payasos. Confiéselo. A usted también le pasa. Cada vez que un bilbaino atraviesa el parque de los patos, devuelve el saludo a Tonetti. Porque no es lo mismo hacer el payaso que ser payaso. Para lo primero basta con ser torpe. Para lo segundo hay que ser muy grande. La de Tonetti no es solo la estatua a un payaso, sino a una filosofía de vida. La de un Bilbao que siempre supo poner, ante los problemas y las adversidades, buena cara y mejor sonrisa.

Tomás Ondarra y Jon Uriarte

viernes, 24 de febrero de 2012

PASTEL DE ARROZ

PASTEL DE ARROZ

PASTEL MENTIROSO

Nunca nos quedó claro qué llevaba Caperucita en la cesta, ni por qué el lobo la quería. Para mí, que era un pastel de arroz. Tamaño cuento, añado. Con su moraleja y su todo. Porque lo de este dulce es digno de reflexión. No sé si saben, que necesita un día completo para nacer. Con su mañana, su tarde, su noche y su amanecer. En ese tiempo, crece un centímetro. De seis pasa a siete. Y alcanza su esplendor. Como sus hermanos “el ruso”, “la carolina” y “el bollo de mantequilla”, su poder muere más allá de Altube. A veces, traspasa la línea. Pero poco. No sea que le cojan cariño y no pueda regresar algún día. Al fin y al cabo, sabe que es único. Tanto, que puede triunfar sin ayuda de otros. Solo ante el peligro. O ante la gula. Porque este pastel no se come por hambre. Que lo sacia. Sino por placer. Que lo asegura. De ahí que el lobo lo desee y Caperucita lo proteja. Morderlo proporciona tal cúmulo de sensaciones, que no hace falta nada más. Quizá un sorbito de café con leche. Pero por tragar, que no por necesidad. Aun así, no hace ascos a formar en caja junto a otros. Un pastel con forma de cesta y sabor a fábula. Al fin y al cabo, lleva cuento. Y, además de moraleja, sabrosa mentirijilla. Pero se le perdona. Porque no llevará arroz, pero lleva patria.

Tomás Ondarra y Jon Uriarte

jueves, 23 de febrero de 2012

GRILLOS


GRILLOS

CONCIENCIA SIN PEPITO

No sé si saben que los grillos, además de ser conciencia pinochesca, pueden servir para calcular la temperatura ambiente. El total de grados centígrados será igual al número de cantos por minuto, dividido entre cinco y restando nueve al resultado. Ahí queda eso. No será la de la relatividad, pero la fórmula tiene su aquél. Una advertencia: Los grillos de Bilbao no hacen cri-cri. Al menos, no como los del campo. Puede que sea porque no son machos buscando hembra. O porque no lo necesitan. Les basta con tumbarse en un plato para atraer al personal. Tanto a ellas como a ellos, que igual le da. Comensales, me refiero. Porque serán de aspecto humilde, pero tienen mucho éxito entre la parroquia bilbaina. Cómo será la cosa, que podríamos sentenciar, aquí y ahora, que es el más autóctono de nuestros pintxos. La difícil sencillez hecha bocado. Un poco de verde, un poco de blanco y un toque amarillo. Sus tres colores básicos. La lechuga, le da frescura. La cebolleta, picante dulzura. Y la patata, seriedad y contundencia. Lo suyo es comerlo entero. De una vez. Cerrando dientes y tirando de palillo. Que no es pintxo que exija paciencia. Si no cabe en boca, será problema del cliente o exceso del tasquero.-¿Vamos a por grillos?-Quien escuche esas palabras en Bilbao, que no crea que va al campo. Va de bares. Tampoco es tan raro. Al fin y al cabo, no deja de ser senderismo.

Tomás Ondarra y Jon Uriarte

miércoles, 22 de febrero de 2012

VASO DE VINO

VASO DE VINO

EL CÁLIZ DE LOS TXIKITEROS

Tan macizo, como engañoso. Tan singular, como popular. Así era, alguno queda, nuestro famoso vaso de vino. Y digo nuestro, porque carajo importa dónde nació o quién lo creó. Lo que vale, es dónde reinó. Y lo hizo, ahora menos, en los bares y tabernas de ese cráter siempre despierto, hasta cuando duerme, llamado Bilbao. A diferencia de otros cálices, este nunca se acompañó de alimento sólido. Ni un triste mendrugo de pan. Ni una miga. De primero vino, de segundo vino y de postre, vino. El menú del txikitero. Llevaba, eso sí, banda sonora. La de las bilbainadas. Cantadas cerradas, pero abiertas al mundo. Y mucha historia. La de los “susedidos botxeros”. Servía para brindar por todo y por nada. Decían los críticos, que era mucho cristal para tan poco espacio. Qué sabrán ellos. Lo suyo era arraigo y punto. De ahí la gran base. La justa y necesaria, para asentarse en esa tierra inquieta llamada barra. Y de paso, ayudar al tasquero en las cuentas. Poco vino, pero lucido. Ofreciendo un trago noble. Rotundo. Solitario. Como mucho dos, para el principiante o para quienes andan desentrenados. Después, un golpe con el culo en la barra y a por otro bar. A por otro cáliz. A por otra ronda.

Tomás Ondarra y Jon Uriarte

martes, 21 de febrero de 2012

TXUPINERA

TXUPINERA

LANZADORA Y LANZADERA

Si el pregonero luce amarillo, ella presume de rojo. Pero no de uno cualquiera. Sino de famoso General. Zumalakarregi. Por aquello de las dos caras de Bizkaia. A diferencia del vocero de la fiesta, hablo del Pregonero, el de Txupinera es cargo de pocas palabras pero intensas. Lo suyo es más el ruido. El que nace silbido, para luego ser trueno. El del cohete que lleva mucha pólvora y aun más ilusiones. No es casualidad que sea ella quien lance el proyectil. Siempre fue la mujer quien mejor maneja los cohetes. La pólvora en mano y maniobra masculina, tiende a ser beligerante y a llevar peligrosa inquina. De hecho, la Txupinera es más terrenal. Prescinde de pomposos gorros y opta por txapela. Igual de elegante, pero más popular y callejera. Percha y botafuego lleva por instrumentos y una makila de roble, con alabado fundamento. Que una cosa es ser discreta y otra no mandar. Y ella manda. Mucho, además. Porque nos marca los tiempos. La cuenta atrás o la cuenta hacia delante, según se vea, para la semana más grande. Que su cohete no nos llevará a la luna. Pero nos la acerca nueve días.

Tomás Ondarra y Jon Uriarte

lunes, 20 de febrero de 2012

martes, 7 de febrero de 2012

TXIMBOS

TXIMBOS

A VISTA DE PÁJARO

No fue uno, sino muchos. Tantos, como habitantes tuvo la Villa. Siempre pequeños, siempre botxeros. Será por aquello de que Bilbao, desde el cielo, más que urbe parece nido. Va a ser eso. La respuesta al misterio y la razón de tanta visita alada. Eso, y que nuestro suelo siempre tuvo buen olor y mejor bocado. Fueran restos de bocatas, de patatas o de palmeras y barquillos. Fue tan popular su figura y tan eficiente su volar, que aterrizaron en el valle de las palabras. En ese árbol, que llaman diccionario. Pero no de cualquier lengua. Sino de esa oficiosa que se llama bilbaina y que a nosotros nos parece preciosa. Una vez en ella, dieron su nombre a jabones, a carabinas y a barcos. Y ya puestos, como estaban de ronda, nos otorgaron gentilicio alado. Ese que llevamos desde entonces, a mucha honra los bilbainos. Sea Chimbo o Tximbo, el bilbaíno, si es con diptongo, sabe que el suyo es rango de ave. Pero no de una cualquiera. Sino de aquella que, vaya donde vaya, sea en primavera o en verano, en otoño o en invierno sabe que cuando vuelva, le estará esperando el nido. Ese que llaman Bilbao y del que, por mucho que vueles lejos, en el fondo nunca te has ido.

Tomás Ondarra y Jon Uriarte

lunes, 6 de febrero de 2012

TURRONES IVAÑEZ

TURRONES IVAÑEZ

LA CASA DEL TURRÓN

Hay títulos que se ponen sin medida. En el caso que nos ocupa, es todo lo contrario. Se pecó de humildad. Y mucho. Porque aquello no era portal, sino casa. Y si me apuran, hasta mansión. No tanto por el continente, que no, sino por el contenido. En este rincón de Bidebarrieta el olor a turrón todo lo envolvía. Paredes, suelo y aire. De ahí que la chiquillería recorriera calles y callejones, esquivando charcos y piernas de mayores. Buscando el camino, a golpe de nariz. No era fácil, créanlo. Porque aquél puesto, oda al dulce, era de carácter inquieto y espíritu movido. Todo fuera por sobrevivir y crecer. Pero acabábamos por encontrarlo siempre. Incluso llegamos a hacerlo, bajo la lluvia de Diciembre. Porque mazapanes hay, hubo y habrá muchos. Pero con cuerpo de pequeño perro y sabor a nube, pocos o ninguno. Al menos, como aquellos que aquí refiero. Cierto que ayudaba al encantamiento el peculiar entorno. Gente con castañas asadas, globos de calzados La Palma y bolsas de una y mil tiendas. El universo habitual de un garabato llamado Siete Calles. Allí decidió Don Miguel dar cobijo a sus figuras de Jijona. Que no será el famoso de Belén, pero un portal de Bilbao es buena opción también.

Tomás Ondarra y Jon Uriarte

viernes, 3 de febrero de 2012

TRUFAS DE ARRESE

TRUFAS DE ARRESE

MARIPOSAS DE BILBAO

No me digan que no son mariposas. Al menos, a mí me lo parecen. Antes de desenvolverlas tienen dos alas. Eso se ve a simple vista. Y una vez desprendidas, cae polvo al tocarlas. Puede ser cacao o azúcar, pero polvo fueron ayer, hoy y siempre. Eso se nota aunque las abras deprisa. Cuenta Tomás, en la página vecina, que en Nueva York es por todos conocida. Servidor lo confirma. Y si hace falta, hasta lo firma. Es cierto que hay otras. Muchas, para ser sinceros. Unas artesanales. Otras industriales. Incluso son habituales, y muy buenas por cierto, las que se dicen son caseras. De ahí que su lograda fama, no sea asunto baladí. Que cuesta lo suyo triunfar en la bombonería. Y más, en el mundo de las trufas. Pero, no siendo dulce original, le pasa lo que a la boina. Que llegó a Bilbao de fuera y en casa pasó a txapela. Pregunta ahora por ahí, si no es esa prenda botxera. Pues lo mismo sucede con la trufa. Lleve consigo una, más allá de nuestra tierra. Dé a probar una de ellas, y nadie le dirá que nos sea ajena. Porque guardará en su seno chocolate, nata, naranja o café. Pero llevará también sabor, de eso doy fe, a esquina de Gran Vía.

Jon Uriarte y Tomás Ondarra

jueves, 2 de febrero de 2012

TROLEBÚS

TROLEBÚS

UN BILBAINO SOBRE RUEDAS

Desconozco si llovió o fue un día soleado. Solo tengo claro que tuvo lugar el 20 de Junio de 1940. Arrancaba el primer viaje del Trolebús. Su recorrido, Santiago-Misericordia. Toda una aventura. La primera de esas características en la Península Ibérica. Ahí es nada. Desapareció en 1976 y hoy solo sobrevive en viejas fotografías. Aunque aún quedan sus huellas. No estarán en las calles, pero si se fijan, podrán todavía verlas. Basta con buscar en los recodos de la memoria. Allá donde se encuentran los viejos sonidos y los añorados sabores. De los segundos mucho hemos hablado en este laminado recorrido botxero. Pero nos faltaban los sonidos. Como el del cambio de raíles o el de la ruidosa catenaria, cuando giraba el trolebús en su recorrido. Y luego estaba el color. Rojo intenso. Rojo inglés. De ese que heredaría después el autobús de dos pisos, ya huérfano de cables. Esto que cuento es tan cierto como que hay noche y día: Hubo un tiempo en que Bilbao fue museo viviente del ferrocarril, del automóvil y del autobús. Y entre sus preciados tesoros, lugar de honor ocupó siempre el trolebús.

Jon Uriarte y Tomás Ondarra

miércoles, 1 de febrero de 2012

LOS TRICICLOS DEL PARQUE

LOS TRICICLOS DEL PARQUE

CENTAUROS DE BILBAO

Centenario y de estilo romántico era su recorrido. Muy frondoso y aun más colorido. Por tener hasta tenía, aun tiene, su propio mar interior. Nació de la generosidad de Doña Casilda Iturriza y de la mente del arquitecto Ricardo Bastida y el ingeniero Juan de Eguiraun. Lo que denota origen de alta alcurnia. Que no es cuestión de pedalear por pedalear. Y menos, en un recorrido vulgar. Era la carrera de entonces, prueba completa y variada. Con etapas entretenidas y barquillos y bocatas por avituallamiento. Todos sus puertos eran de primera. Allí segundones, nunca había. Que eso es de gente sin fuste. Por culote, pantalón corto y por maillot, flamante tabardo. En lugar de bicicleta, tirábamos de oxidados triciclos. Que aportaban equilibrio y añadían señorío. Pedalear en ellos no solo acercaba destinos. También enseñaba a elegir buen camino. Que la vida no es sino un mover rueda, a golpe de esfuerzo e ilusiones y a merced de la suerte y las condiciones. Por eso fuimos centauros, antes de ser mayores. Porque hay que vivir fantasías siendo niño, para enfrentarse después a las realidades.

Jon Uriarte y Tomás Ondarra

martes, 31 de enero de 2012

TRANVÍA

TRANVÍA
UN METRO CON VISTAS
Tiene un poco de tren y un mucho de gusano loco. De ahí que, como la famosa atracción de feria, el tranvía enloquezca a la chiquillería. Porque, siendo transporte, parece un juguete grande. Y de espíritu festivo, añado. Da igual que uno vaya a trabajar a la otra punta o allí arriba. La sensación nunca es de traslado, sino de viaje. Con un recorrer sinuoso, que nos descubre un Bilbao, cada vez más hermoso. Al fin y al cabo, es el hermano mayor del suburbano. Y se nota. Porque eligió sitio primero. Como sucede en asuntos de literas. –yo arriba, que siempre fue así. Incluso cuando no estaba, me guardaron sitio-le dijo al Metro el orgulloso Tranvía. Por eso va tan digno por nuestras calles, con un pie en cada vía. Por eso y porque pasear por el Botxo da gusto. Solo hay un pero. Ya no tiene terraza. Esa a la que se subía el que no tenía billete o a esa hora no cabía. Ahora todo es más compacto. Más cerrado Pero eso no le preocupa al tranvía. De hecho si te acercas, entre tintineo y tintineo, te contará al oído su secreto- Entra dentro de mí. Porque, a través de mis cristales, se ve pasar la vida-.
Jon Uriarte y Tomás Ondarra

lunes, 30 de enero de 2012

THATE

THATE
LOS KAISER DE BILBAO
Los Thate son los Dalton de Bilbao. Pero en su caso, todos los hermanos son listos y honrados. Y, sobre todo, trabajadores. Hermann, Enrique, Karmentxu y Alfredo son hijos y nietos de maestros charcuteros. Llevan la parte alemana del mapamundi del Botxo. La Democrática y la Federal, que nunca hubo en su negocio muros ni fronteras. Producto vasco, estilo germano. Y a veces, viceversa. Que lo suyo es la fusión y, sobre todo, la unión. Cómo será su arte, que su pastel de carne en las ferias germanas ya es mito. “Ingeniería alemana, con ingenio vasco” responden ellos cuando les preguntan por su fórmula. Que no es cosa de contarla. Los Thate han logrado, incluso, rizar el rizo y bilbainizar el codillo. Como si la Ocktober Fest fuera fiesta de txapela, txistu y tamboril. Y eso, solo lo hacen los que tienen título de embajadores de ida y vuelta. Solo por este asunto, merecerían estatua ecuestre. Pero aun hay más. Según los tres hermanos, la salchicha de un Thate siempre es la más deseada. Por tamaño y materia. Y por los placeres que ofrece. La hermana sonríe al oírlo y nunca dice nada. Porque sabe que el negocio con humor, se lleva mucho mejor.
Jon Uriarte y Tomás Ondarra