lunes, 14 de mayo de 2012
lunes, 26 de marzo de 2012
AZUL BILBAO

AZUL BILBAO
SANGRE AZUL
La gente se agolpaba curiosa, en la puerta de la tienda. Intenté adivinar lo que sucedía. Logré ver a un hombre en el mostrador y ante él, un desesperado dependiente. La cara del empleado mostraba angustia y un cierto grado de enfado. Pero, sobre todo, era el vivo reflejo de la duda.-¿Qué pasa?-peguntó un mozo intrigado-Dicen que un hombre ha pedido algo y no le entienden-respondió una señora, con vestido de vivas flores.-¿Y por qué no le entienden?-gritó un niño, hacia las caras de los mayores-Porque será extranjero-apuntó un señor de gafas oscuras y grandes bigotes.-Seguro que americano o ruso-comentó una chica con trenzas.-¡Pues menuda cola está montando!-Sentenció un jubilado de esos que no tienen que hacer nada y que siempre tienen prisa. Pero no. No era americano. Tampoco ruso. Era de Bilbao. Del centro, centro. Y solo quería que le vendieran un bote de pintura. Se había desplazado a vivir a Madrid y quería pintar la casa del color de su alma botxera. De azul. Pero no de un azul cualquiera. Cobalto, añil y blanco titanio. Sangre Azul. El color que ofrece el cielo del Botxo cuando, tras un día de lluvia, se unen tarde y noche y las nubes se alejan, otorgando perfecto broche. El azul Bilbao. El que no se puede explicar, aunque nos tiremos todo un día. Que se lo pregunten sino, al empleado de la droguería.
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
miércoles, 21 de marzo de 2012
Bollo de Mantequilla

BOLLO DE MANTEQUILLA
BOLLO SIN NOMBRE
El niño, que hoy es hombre, se comía el azúcar espolvoreado antes de tocar la mantequilla. Lo hacía con precisión milimétrica. Utilizando, tan solo, la punta de la lengua. Como si de un afilado lápiz se tratara. Capturando, uno a uno, los minúsculos dulces de cristal. Después, lamía despacio el borde lateral. Con respeto. Evitando penetrar demasiado hondo. Lo justo, para definir la línea de las paredes. El final del proceso dependía del momento y la compañía. Y por compañía me refiero al resto del menú. Como más le gustaba, era untado en chocolate recién hecho. Orgía de sabores. Pero, otras veces, el chocolate se apretaba en onza y se acomodaba en la cremosa cama blanca. Su madre optaba por darle discretos mordiscos. Siempre limpios y medidos. Intercalados, entre sorbos de café con leche. Muy de señoras. Muy caliente A veces con azúcar, otras con sacarina. Su hermano, en cambio, lo abría impúdicamente. De par en par. Para dar buena cuenta de la frágil mantequilla, antes de tocar el bollo. Entonces no lo sabía. Pero aquél manjar era villano. Y fiel a su tierra, añado. Resulta extraño que no triunfara en otras. Puede que haga falta que la lluvia golpee los cristales de una vieja cafetería, para entender todo su duende. Pero hay algo que no se comprende. Un día nostálgico y orgulloso, el niño que hoy es hombre, lo llevó consigo a otras tierras. Y triunfó a la primera. Por lo tanto puede que el bollo de mantequilla, simplemente, no quiera ser famoso. De ahí que no tenga ni nombre. Es lo que tiene ser único. Es lo que tiene ser grande.
Jon Uriarte y Tomás Ondarra
martes, 13 de marzo de 2012
SAN MAMÉS. LA CATEDRAL

SAN MAMÉS
LA CATEDRAL
LA CATEDRAL DE LOS SENTIMIENTOS
La llaman Catedral del futbol. Pero se quedan cortos. En San Mames, cabe mucho más que futbol. Por tener, tiene hasta su propia atmósfera. Esa que te da la vida, con solo respirarla una vez. Incluso si no has estado, te mueve pulmón. Aunque solo sea para suspirar. Por haber estado y no estar. O por no haber estado nunca y no poderla visitar. Nació un año 13. Dicen que es mal número si no crece. Por eso sigue ella expandiéndose. Más allá de lo físico, hablo de lo metafísico. Porque ni Aristóteles podría entenderla. Siendo campo cerrado, abre mente y espíritu. En ningún lugar del mundo suenan los rugidos como en ella. Ni los goles. Tampoco el aplauso al contrario. Ni siquiera el cántico al propio. Porque la Catedral no es un campo. Ni un estadio. Es otra cosa. En ella hemos visto ganar ligas y pasear copas. Hemos llorado y reído, varias veces, por cierto, en un mismo partido. Nada raro. Pero no me pregunten por el nombre de quienes se sientan a mi lado. No hace falta saberlos. Porque San Mames nos quiere así. Todos uno. O mejor dicho, una. Que al fin y al cabo, somos familia. Por eso nos envidian los rivales. Por eso luce imponente, a punto de ser centenaria. Y por eso da igual dónde la pongan. La Catedral seguirá siempre en el mismo sitio. En el corazón y en la memoria. Entre las pocas cosas de la vida, que de verdad merecen la pena.
Tomás Ondarra y Jon Uriartemiércoles, 7 de marzo de 2012
SANTO SAN MAMÉS

SANTO SAN MAMÉS
EL SANTO QUE SUSURRABA A LOS LEONES
Lo que son las cosas. Tantos años acudiendo a su vera y nunca me había fijado en el sorprendente detalle. San Mames, es un “chuleta”. Santo, sí, pero va sobrado. Basta con mirar su pose, para comprobarlo. Hasta el león aguanta estoico el desdén del muchacho. Que, por cierto, más que fiera parece gato. Será por aquello que de la osadía juvenil a todos abruma. Y no solo cuando la luce el santo. Es la misma que exhiben y pasean, quienes visten la mítica zamarra del Club. La roja y blanca. La eterna. La que recorre la alfombra verde del templo sagrado. La que adopta como propia, la concurrida y variada parroquia. Haciendo del Athletic, una compacta familia. Esa osadía presenta el santo en la reliquia. Pero en seguida descubrió San Mames, que aquello no era vida. Cierto que, a veces, le daban sonoras alegrías. Pero otras, sufría dolorosas sangrías. Fuera por méritos del contrario o deméritos del propio. Incluso, a veces, por culpa del colegiado o de esa diosa, griega y pecadora, a la que llaman Fortuna. Así que tuvo que colgar la aureola una tarde y remangarse. Para ayudar el domingo y el sábado que se viste de domingo. No les digo nada, cuando se pasó a jugar todos los días. Que si ese penalti, que si ese poste, que si un gol, que si beste bat. Y él pensando, “En mala hora no me dejé comer por los leones”. Y es que, el futbol, exige demasiados milagros.
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
martes, 6 de marzo de 2012
PICHICHI

PICHICHI
EL REY GOL
Fue hombre antes de ser leyenda. Y jugador antes de ser trofeo. Su nombre empieza con “R” de red y termina con “L” de gol. Normal que, Pichichi y el gol, sean uno. Hablo en presente, porque el mito tendrá tumba, pero no tiene descanso. Es la suya una eternidad, que nace al morir. A veces antes. Como le pasó a él. Ya era icono, cuando calzaba botas. En el barro del rectángulo de los sueños, construyó las mejores ilusiones. Las propias y las ajenas. A tanto llegó su arte, que atravesó el tiempo y el espacio. Haciendo que su nombre sonara a grito. Ese que sale de las entrañas y fluye por la garganta. Ese, que bautizaron “goal” y nosotros llamamos gol. Palabra inglesa, que le gusta usar al botxero. También al resto de los bizkainos. Y al vasco en general. En realidad, a toda gente de bien con ganas de alegría. Por eso, al recordar a Pichichi, sonreímos. Porque lleva retranca. Nunca pasó desapercibido. Sus tantos estrenaron marcadores, campos y catedrales. Alegraron los afines corazones y tocaron otra cosa, en los ajenos, que también acaba en “ones”. Fueran jugadores, entrenadores, directivas o aficiones. Porque siempre le envidiaron. Por genio y por ingenio. Por clase. Hasta en el irse tuvo arte. No pudo intoxicarse como los pobres, no. Lo hizo con ostras, como los reyesJon Uriarte y Tomás Ondarra
lunes, 27 de febrero de 2012
TONETTI

TONETTI
FILÓSOFO DE NARIZ ROJA
Las cenizas de Tonetti fueron lanzadas a nuestras aguas. A la ría. Que no deja de ser, según la RAE, “una penetración que forma el mar en la desembocadura de algunos ríos”. Pero también es el “imperativo del verbo reír, tercera persona del singular”. Y algo de imperativo tiene la risa.-Ría usted, por favor, aunque no ayude el entorno-. Con Tonetti comprendimos que la vida tiene doble cara. Risa y llanto. Un circo ambulante. Donde una cosa es la pista y otra los bastidores. La procesión va por dentro. Sabía el payaso bilbaíno, nacido cántabro, que de la risa al llanto apenas hay una mueca. Circo y mundo no paran de girar. Por eso, no hay más remedio que pintarse la cara y salir otra vez a pista. Por eso nos sentimos orgullosos de ser de un lugar que levanta estatuas a payasos. Confiéselo. A usted también le pasa. Cada vez que un bilbaino atraviesa el parque de los patos, devuelve el saludo a Tonetti. Porque no es lo mismo hacer el payaso que ser payaso. Para lo primero basta con ser torpe. Para lo segundo hay que ser muy grande. La de Tonetti no es solo la estatua a un payaso, sino a una filosofía de vida. La de un Bilbao que siempre supo poner, ante los problemas y las adversidades, buena cara y mejor sonrisa.
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
viernes, 24 de febrero de 2012
PASTEL DE ARROZ

PASTEL DE ARROZ
PASTEL MENTIROSO
Nunca nos quedó claro qué llevaba Caperucita en la cesta, ni por qué el lobo la quería. Para mí, que era un pastel de arroz. Tamaño cuento, añado. Con su moraleja y su todo. Porque lo de este dulce es digno de reflexión. No sé si saben, que necesita un día completo para nacer. Con su mañana, su tarde, su noche y su amanecer. En ese tiempo, crece un centímetro. De seis pasa a siete. Y alcanza su esplendor. Como sus hermanos “el ruso”, “la carolina” y “el bollo de mantequilla”, su poder muere más allá de Altube. A veces, traspasa la línea. Pero poco. No sea que le cojan cariño y no pueda regresar algún día. Al fin y al cabo, sabe que es único. Tanto, que puede triunfar sin ayuda de otros. Solo ante el peligro. O ante la gula. Porque este pastel no se come por hambre. Que lo sacia. Sino por placer. Que lo asegura. De ahí que el lobo lo desee y Caperucita lo proteja. Morderlo proporciona tal cúmulo de sensaciones, que no hace falta nada más. Quizá un sorbito de café con leche. Pero por tragar, que no por necesidad. Aun así, no hace ascos a formar en caja junto a otros. Un pastel con forma de cesta y sabor a fábula. Al fin y al cabo, lleva cuento. Y, además de moraleja, sabrosa mentirijilla. Pero se le perdona. Porque no llevará arroz, pero lleva patria.
Tomás Ondarra y Jon Uriartejueves, 23 de febrero de 2012
GRILLOS

GRILLOS
CONCIENCIA SIN PEPITO
No sé si saben que los grillos, además de ser conciencia pinochesca, pueden servir para calcular la temperatura ambiente. El total de grados centígrados será igual al número de cantos por minuto, dividido entre cinco y restando nueve al resultado. Ahí queda eso. No será la de la relatividad, pero la fórmula tiene su aquél. Una advertencia: Los grillos de Bilbao no hacen cri-cri. Al menos, no como los del campo. Puede que sea porque no son machos buscando hembra. O porque no lo necesitan. Les basta con tumbarse en un plato para atraer al personal. Tanto a ellas como a ellos, que igual le da. Comensales, me refiero. Porque serán de aspecto humilde, pero tienen mucho éxito entre la parroquia bilbaina. Cómo será la cosa, que podríamos sentenciar, aquí y ahora, que es el más autóctono de nuestros pintxos. La difícil sencillez hecha bocado. Un poco de verde, un poco de blanco y un toque amarillo. Sus tres colores básicos. La lechuga, le da frescura. La cebolleta, picante dulzura. Y la patata, seriedad y contundencia. Lo suyo es comerlo entero. De una vez. Cerrando dientes y tirando de palillo. Que no es pintxo que exija paciencia. Si no cabe en boca, será problema del cliente o exceso del tasquero.-¿Vamos a por grillos?-Quien escuche esas palabras en Bilbao, que no crea que va al campo. Va de bares. Tampoco es tan raro. Al fin y al cabo, no deja de ser senderismo.
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
miércoles, 22 de febrero de 2012
VASO DE VINO

VASO DE VINO
EL CÁLIZ DE LOS TXIKITEROS
Tan macizo, como engañoso. Tan singular, como popular. Así era, alguno queda, nuestro famoso vaso de vino. Y digo nuestro, porque carajo importa dónde nació o quién lo creó. Lo que vale, es dónde reinó. Y lo hizo, ahora menos, en los bares y tabernas de ese cráter siempre despierto, hasta cuando duerme, llamado Bilbao. A diferencia de otros cálices, este nunca se acompañó de alimento sólido. Ni un triste mendrugo de pan. Ni una miga. De primero vino, de segundo vino y de postre, vino. El menú del txikitero. Llevaba, eso sí, banda sonora. La de las bilbainadas. Cantadas cerradas, pero abiertas al mundo. Y mucha historia. La de los “susedidos botxeros”. Servía para brindar por todo y por nada. Decían los críticos, que era mucho cristal para tan poco espacio. Qué sabrán ellos. Lo suyo era arraigo y punto. De ahí la gran base. La justa y necesaria, para asentarse en esa tierra inquieta llamada barra. Y de paso, ayudar al tasquero en las cuentas. Poco vino, pero lucido. Ofreciendo un trago noble. Rotundo. Solitario. Como mucho dos, para el principiante o para quienes andan desentrenados. Después, un golpe con el culo en la barra y a por otro bar. A por otro cáliz. A por otra ronda.
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
martes, 21 de febrero de 2012
TXUPINERA

TXUPINERA
LANZADORA Y LANZADERA
Si el pregonero luce amarillo, ella presume de rojo. Pero no de uno cualquiera. Sino de famoso General. Zumalakarregi. Por aquello de las dos caras de Bizkaia. A diferencia del vocero de la fiesta, hablo del Pregonero, el de Txupinera es cargo de pocas palabras pero intensas. Lo suyo es más el ruido. El que nace silbido, para luego ser trueno. El del cohete que lleva mucha pólvora y aun más ilusiones. No es casualidad que sea ella quien lance el proyectil. Siempre fue la mujer quien mejor maneja los cohetes. La pólvora en mano y maniobra masculina, tiende a ser beligerante y a llevar peligrosa inquina. De hecho, la Txupinera es más terrenal. Prescinde de pomposos gorros y opta por txapela. Igual de elegante, pero más popular y callejera. Percha y botafuego lleva por instrumentos y una makila de roble, con alabado fundamento. Que una cosa es ser discreta y otra no mandar. Y ella manda. Mucho, además. Porque nos marca los tiempos. La cuenta atrás o la cuenta hacia delante, según se vea, para la semana más grande. Que su cohete no nos llevará a la luna. Pero nos la acerca nueve días.
Tomás Ondarra y Jon Uriartelunes, 20 de febrero de 2012
martes, 7 de febrero de 2012
TXIMBOS

TXIMBOS
A VISTA DE PÁJARO
No fue uno, sino muchos. Tantos, como habitantes tuvo la Villa. Siempre pequeños, siempre botxeros. Será por aquello de que Bilbao, desde el cielo, más que urbe parece nido. Va a ser eso. La respuesta al misterio y la razón de tanta visita alada. Eso, y que nuestro suelo siempre tuvo buen olor y mejor bocado. Fueran restos de bocatas, de patatas o de palmeras y barquillos. Fue tan popular su figura y tan eficiente su volar, que aterrizaron en el valle de las palabras. En ese árbol, que llaman diccionario. Pero no de cualquier lengua. Sino de esa oficiosa que se llama bilbaina y que a nosotros nos parece preciosa. Una vez en ella, dieron su nombre a jabones, a carabinas y a barcos. Y ya puestos, como estaban de ronda, nos otorgaron gentilicio alado. Ese que llevamos desde entonces, a mucha honra los bilbainos. Sea Chimbo o Tximbo, el bilbaíno, si es con diptongo, sabe que el suyo es rango de ave. Pero no de una cualquiera. Sino de aquella que, vaya donde vaya, sea en primavera o en verano, en otoño o en invierno sabe que cuando vuelva, le estará esperando el nido. Ese que llaman Bilbao y del que, por mucho que vueles lejos, en el fondo nunca te has ido.
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
lunes, 6 de febrero de 2012
TURRONES IVAÑEZ

TURRONES IVAÑEZ
LA CASA DEL TURRÓN
Hay títulos que se ponen sin medida. En el caso que nos ocupa, es todo lo contrario. Se pecó de humildad. Y mucho. Porque aquello no era portal, sino casa. Y si me apuran, hasta mansión. No tanto por el continente, que no, sino por el contenido. En este rincón de Bidebarrieta el olor a turrón todo lo envolvía. Paredes, suelo y aire. De ahí que la chiquillería recorriera calles y callejones, esquivando charcos y piernas de mayores. Buscando el camino, a golpe de nariz. No era fácil, créanlo. Porque aquél puesto, oda al dulce, era de carácter inquieto y espíritu movido. Todo fuera por sobrevivir y crecer. Pero acabábamos por encontrarlo siempre. Incluso llegamos a hacerlo, bajo la lluvia de Diciembre. Porque mazapanes hay, hubo y habrá muchos. Pero con cuerpo de pequeño perro y sabor a nube, pocos o ninguno. Al menos, como aquellos que aquí refiero. Cierto que ayudaba al encantamiento el peculiar entorno. Gente con castañas asadas, globos de calzados La Palma y bolsas de una y mil tiendas. El universo habitual de un garabato llamado Siete Calles. Allí decidió Don Miguel dar cobijo a sus figuras de Jijona. Que no será el famoso de Belén, pero un portal de Bilbao es buena opción también.
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
viernes, 3 de febrero de 2012
TRUFAS DE ARRESE

TRUFAS DE ARRESE
MARIPOSAS DE BILBAO
No me digan que no son mariposas. Al menos, a mí me lo parecen. Antes de desenvolverlas tienen dos alas. Eso se ve a simple vista. Y una vez desprendidas, cae polvo al tocarlas. Puede ser cacao o azúcar, pero polvo fueron ayer, hoy y siempre. Eso se nota aunque las abras deprisa. Cuenta Tomás, en la página vecina, que en Nueva York es por todos conocida. Servidor lo confirma. Y si hace falta, hasta lo firma. Es cierto que hay otras. Muchas, para ser sinceros. Unas artesanales. Otras industriales. Incluso son habituales, y muy buenas por cierto, las que se dicen son caseras. De ahí que su lograda fama, no sea asunto baladí. Que cuesta lo suyo triunfar en la bombonería. Y más, en el mundo de las trufas. Pero, no siendo dulce original, le pasa lo que a la boina. Que llegó a Bilbao de fuera y en casa pasó a txapela. Pregunta ahora por ahí, si no es esa prenda botxera. Pues lo mismo sucede con la trufa. Lleve consigo una, más allá de nuestra tierra. Dé a probar una de ellas, y nadie le dirá que nos sea ajena. Porque guardará en su seno chocolate, nata, naranja o café. Pero llevará también sabor, de eso doy fe, a esquina de Gran Vía.
Jon Uriarte y Tomás Ondarrajueves, 2 de febrero de 2012
TROLEBÚS

TROLEBÚS
UN BILBAINO SOBRE RUEDAS
Desconozco si llovió o fue un día soleado. Solo tengo claro que tuvo lugar el 20 de Junio de 1940. Arrancaba el primer viaje del Trolebús. Su recorrido, Santiago-Misericordia. Toda una aventura. La primera de esas características en la Península Ibérica. Ahí es nada. Desapareció en 1976 y hoy solo sobrevive en viejas fotografías. Aunque aún quedan sus huellas. No estarán en las calles, pero si se fijan, podrán todavía verlas. Basta con buscar en los recodos de la memoria. Allá donde se encuentran los viejos sonidos y los añorados sabores. De los segundos mucho hemos hablado en este laminado recorrido botxero. Pero nos faltaban los sonidos. Como el del cambio de raíles o el de la ruidosa catenaria, cuando giraba el trolebús en su recorrido. Y luego estaba el color. Rojo intenso. Rojo inglés. De ese que heredaría después el autobús de dos pisos, ya huérfano de cables. Esto que cuento es tan cierto como que hay noche y día: Hubo un tiempo en que Bilbao fue museo viviente del ferrocarril, del automóvil y del autobús. Y entre sus preciados tesoros, lugar de honor ocupó siempre el trolebús.
Jon Uriarte y Tomás Ondarra
miércoles, 1 de febrero de 2012
LOS TRICICLOS DEL PARQUE

LOS TRICICLOS DEL PARQUE
CENTAUROS DE BILBAO
Centenario y de estilo romántico era su recorrido. Muy frondoso y aun más colorido. Por tener hasta tenía, aun tiene, su propio mar interior. Nació de la generosidad de Doña Casilda Iturriza y de la mente del arquitecto Ricardo Bastida y el ingeniero Juan de Eguiraun. Lo que denota origen de alta alcurnia. Que no es cuestión de pedalear por pedalear. Y menos, en un recorrido vulgar. Era la carrera de entonces, prueba completa y variada. Con etapas entretenidas y barquillos y bocatas por avituallamiento. Todos sus puertos eran de primera. Allí segundones, nunca había. Que eso es de gente sin fuste. Por culote, pantalón corto y por maillot, flamante tabardo. En lugar de bicicleta, tirábamos de oxidados triciclos. Que aportaban equilibrio y añadían señorío. Pedalear en ellos no solo acercaba destinos. También enseñaba a elegir buen camino. Que la vida no es sino un mover rueda, a golpe de esfuerzo e ilusiones y a merced de la suerte y las condiciones. Por eso fuimos centauros, antes de ser mayores. Porque hay que vivir fantasías siendo niño, para enfrentarse después a las realidades.
Jon Uriarte y Tomás Ondarramartes, 31 de enero de 2012
TRANVÍA
Jon Uriarte y Tomás Ondarra
lunes, 30 de enero de 2012
THATE
Jon Uriarte y Tomás Ondarra
viernes, 27 de enero de 2012
SOMBRERERÍA GOROSTIAGA
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
jueves, 26 de enero de 2012
El Bilbao de toda la vida arrasa en La Alhondiga

Leer noticia en El Correo
miércoles, 25 de enero de 2012
SALCHICHAUTO
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
martes, 24 de enero de 2012
PUPPY
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
lunes, 23 de enero de 2012
POLVORÓN FELIPE II
Jon Uriarte y Tomás Ondarra
viernes, 20 de enero de 2012
PINTXOS MORUNOS
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
jueves, 19 de enero de 2012
PARQUE DE LOS PATOS
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
miércoles, 18 de enero de 2012
MOCEDADES
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
martes, 17 de enero de 2012
MARIJAIA
Tomás Ondarra y jon Uriarte
lunes, 16 de enero de 2012
ATHLETIC CLUB

WE ARE ATHLETIC
El Athletic es el aitite y el nieto compartiendo bandera. El bocadillo de ama o la bufanda tejida por la abuela. La bota del vecino y el abrazo con el desconocido. La lluvia racheada, entrando por Ingenieros. La mujer que de niña soñó con calzar botas y la hija que lo logró. El último domingo compartido entre padre e hijo, sin saber que sería el último. El primer beso íntimo, rodeados de 80.000 ojos. El escudo al atardecer, al fondo de una calle de bares. El puro fumado por uno, pero compartido por todos. El grito desesperado, la emoción desbordada, la lágrima suelta. Y el placer de placeres. El éxtasis. El rugido del león. El “A por ellos” y el “Beste bat” o el “Athleeeeetic” con bufandas al viento. Los primeros, cortos y rotundos. El segundo, arrastrado con sentimiento. Tal y como es la verdadera felicidad. Así es nuestro Club. De todos y de nadie. Tan singular en filosofía, como plural en seguidores. Tan respetado, como incomprendido. Hay equipos que hacen historia, el Athletic hace leyenda. Y todo, porque un día indeterminado, en un acuerdo no escrito, decidimos seguir un peculiar camino. Donde otros veían el final nosotros veíamos principios. Elegimos ser David cuando todos querían ser Goliat. A la utopía con la épica, pasando por Bilbao. En eso estábamos y aún estamos. Un acuerdo que se mantiene, pese a todo, entre millones de aficionados alejados en lo geográfico, lo político, lo cultural o lo social. Aquel día incierto, elegimos vencer menos pero ganar más. Y entendimos que el Athletic es una cuestión de familia. Lo del futbol, créanme, es secundario.
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
ESCUDOS DEL ATHLETIC
No quiere besos. Prefiere respeto. Que la cosa lleve menos baba y más sentimiento. Así es el escudo del Athletic. Y así fue siempre. Desde que el mundo es futbol. Elegante diana azul primero y corazón rojiblanco después. Centenaria vida, de variados y geométricos aspectos. Bandera al viento o escudo quieto. A veces con balón y abrazando. Otras sin él, para ir avanzando. Luciendo azul o guardándole ausencia. Casi siempre mostrando puente y villa. Y, a veces, pareciendo insignia o hebilla. Como en el 10 y en el 13. Cuestión de modas. Incluso de colores. Cambiado el uniforme, repintó su alma blanca. Del azul al rojo. Y añadió árbol y un poco de verde. El de la tierra. El color de la esperanza. La del casi, la del año que viene, la del no importa mientras seamos y estemos. Tiene nuestro escudo, mucho de leyenda. No en vano, estuvo en todas las batallas. Desde que el planeta es balón y el futbol es redondo. Protegiendo a un equipo, a una afición y a un pueblo. Por eso no quiere besos. Que algunos son de Judas. Él prefiere respeto. Y compromiso. Con una forma de ser y de estar. Con un Club, nacido para ganar. Sean trofeos o aplausos. Sabe nuestro escudo que, como su hermana bandera, donde más luce es donde no hay viento. En el corazón del león. Donde el pálpito es noble y sincero. Por eso preferirá, ahora y siempre, el respeto al simple beso. Sea jugando en el verde, sentado en la grada o en el último rincón del universo.
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
viernes, 13 de enero de 2012
LOS MITOS
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
jueves, 12 de enero de 2012
LICOR DEL POLO
Don Salustiano nació en Briones, porque se le pasó nacer en Bilbao. Que andaba el hombre muy liado y pensando, ya entonces, en qué hacer tras la primera bocanada de aire. La que nos da la vida. Lo arregló viniéndose a vivir al Botxo en cuanto pudo. Una vez situado, montó un Balneario permanente en la villa. Su eslogan, “Baños hidroterapéuticos a la altura de los mejores de Europa". Doce bañeras de mármol tenía y dos cuartos de duchas, con agua caliente y fría. Pero no fue famoso por eso aunque, según dicen, tamaña empresa lo merecía. Sino por un licor que no emborrachaba, pero a todos agradaba. Sobre todo, a las narices del prójimo. Que al fin y al cabo era quien lo olía. Licor del Polo llamó al invento y así por todos es conocido. Lo que poca gente sabe, es que su inventor fue un hombre de carácter singular. Aun más fuerte, incluso, que el popular elixir polar. Ateo convencido, a su familia desheredó. Dicen, quienes de esto tienen datos, que fue porque eran beatos. Y él, no. Para nada, oiga. Era ver a alguien rezar y se ponía a blasfemar. Al fin y al cabo, podía lavarse la boca y borrar el olor a insulto cuando quería. A tanto llegó su convicción atea, que dejó dinero tras su muerte, para crear escuela de beneficencia. Siempre y cuando, eso sí, eliminasen la religión y apostasen por la ciencia.
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
miércoles, 11 de enero de 2012
LA OTXOA
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
martes, 10 de enero de 2012
LA LOCA DE ARRIKIBAR

MISTERIOSA PENÉLOPE
Dicen que la canción escrita por Perales, y cantada por Mocedades, no nació pensando en ella. Pues no será, pero lo parece. Otro misterio que sumar en torno a esta intrigante dama. Tampoco fue, por otro lado y a decir verdad, tan bello su estar, ni tan novelesco su desamor. Hay quien asegura que el hombre de sus ojos no fue verdugo, sino víctima. Que, ser querido sin querer, también duele. Además, hay quien pide que la olvidemos y pasemos página por el bien de ella y de los suyos. Que no debe ser plato de buen gusto llevar el San Benito de la locura. Pero, cuando la leyenda gana a la historia, la verdad es secundaria. Y, a veces, hasta nos molesta. Por eso sigue ahí. Sentada sola, en un banco del imaginario compartido. Esperando al amor que no llega, mientras teje su destino. Al fin y al cabo, si algo tuvo siempre, fue tiempo y lana. El final no fue el esperado. Pero tampoco es eso raro. Este tiempo prestado, que llaman vida, ni es lógico ni tiene sentido. Más loco es el que no persigue un sueño, que el que aguanta pesadilla. De ahí que la dama de Arrikibar no estuviera loca. Al menos, loca de amor. Porque eso, es paradoja. Ya que el amor sin locura, ni es amor ni da ternura.
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
LA ALHONDIGA
El Pasaje del Terror fue una atracción de feria que acogió La alhóndiga en 1988 y que aterrorizó a bilbainos y visitantes. Tras ser almacén de vinos y objeto de proyectos varios, el emblemático edificio acogió todo tipo de actividades. Hasta que, por fin, resurgió cultural y hermosa. Pero todos tenemos un pasado. Hasta las alhóndigas.
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
lunes, 9 de enero de 2012
JABÓN CHIMBO
Tomás Ondarra y Jon Uriarte
GUGGENHEIM
Tomás Ondarra y Jon Uriarte